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LA GAVIOTA ARGENTEA ENTRE EL RIN Y EL TÍBER

Lo que fue pensado como un gran golpe de efecto para avalar de una vez por todas la supuesta continuidad entre el Papa Ratzinger y Francisco, se ha convertido en un fiasco muy de agradecer, porque Benedicto desvela en su carta, revelada a trozos, que no leerá a los 11 teólogos que exponen la “nueva teología” de Francisco, señalando además a dos de ellos no sólo como “discontinuadores” sino como francamente opuestos a los dos papados anteriores, el suyo y el de Juan Pablo II.

Ciertamente Benedicto habla en la parte primeramente revelada que hay una continuidad “interior” entre su pontificado y el ahora reinante, pero esto se contradice o bien implica matización, ante el hecho de los teólogos de fortuna, antes disidentes.

Francisco es ahora presentado no como un párroco del pueblo sino como un paradigma intelectual que recibe reconocimiento analítico de los teólogos de avanzada. Es como si fuera un eco de lo ocurrido con Juan XXIII que dio carta de legitimidad a los teólogos críticos y superavanzados de su época y los elevó a autoridades conciliares (por cierto Ratzinger fue uno de ellos, aunque luego se alejaría, por ejemplo de Hans Kung, su otrora mentor).

Pero ¿quiénes son esos teólogos, publicados bajo el título común de “La teología del Papa Francisco,” por Librería Editrice vaticana, que ahora salen a luz por la torpeza muy de agradecer de la carta inicialmente semipublicada del Papa emérito y luego publicada a golpe de exigencia mediática?

No podemos ocuparnos de todos y especialistas habrá, pero sí que Papa Benedicto menciona a dos de ellos como francamente contrarios, y sólo da un nombre: Peter Hunermann. Hay que confesar que no sabíamos nada de él, pero el Papa emérito sí que sabía, no sólo por ser él mismo teólogo tan principal, sino porque Hunermann ha destacado por la oposición tajante a la doctrina papal y en especial a la encíclica Veritatis Splendor de Juan Pablo II, en palabras del mismísimo Benedicto.

Indagando hemos podido saber que Hunermann ha tenido un papel muy importante en la pseudoteología sobre la que se basa el punto más controvertido de Exhortación Amoris laetitia de Francisco. Más aún, según varios expertos ha ejercido una influencia de categoría sísmica en la teología de los últimos tiempos, aunque Kasper haya sido más visible que él. Hunermann viene de la escuela de Tubinga, cuyo ethos es hacer teología desde la historicidad, o sea relativismo historicista, que dice entre otras cosas que puesto que Jesús ha entrado en la historia, sería indispensable la historia como mediadora de la verdad de Jesús, olvidando que El no se somete a la historia y la cultura, sino que las llama a elevarse de su estado de caída y que además totalmente por encima del lenguaje de la cultura está la Palabra viva que es el Señor, el Verbo.

Esa base teológica aplicada a Amoris Laetitita, vía Hunermann & Kasper llega a decir: “Apoyado en ellos sobre todo Francisco expone que el aumento de “situaciones irregulares”, como la convivencia y los católicos que vuelven a casarse sin obtener una anulación, no son simplemente síntomas de decadencia moral. Los pastores y teólogos deberían comprender las fuerzas sociales e históricas que operan en la sociedad contemporánea. El reiteradamente mencionado capítulo 8 para el discernimiento pastoral presumiría una preocupación por la particularidad de cada situación, y advertiría contra una aplicación demasiado fácil de una ley universal que ignora las circunstancias individuales” (Web Commonwealth en entrevista a Hunermann).

Hunermann conoce a Francisco nada menos que desde 1968 y fue llamado recientemente a entrevista personal con él. En 2005 hizo pública su “candidatura” de Bergoglio para el cónclave del que saldría elegido Ratzinger. Bergoglio lo ha admirado siempre, aunque esto era poco sabido, siendo más conocida la influencia sobre él de Scannone, otro de los teólogos publicados por Editrice, creador de una versión peronista o soft de la teología de la liberación.

Hunermann ha seguido la línea de tantos otros teólogos de querer hibridar el pensamiento católico con el pensamiento “moderno”, hecho por autores excluyentes –muy excluyentes- de la fe, en sus métodos y doctrinas. Su método es integralmente modernista.

Pero la teología es sólo una de las fuentes del conocimiento espiritual, que se desvía fundamentalmente con las hibridaciones, debe compaginarse con lo que dicen las Escrituras-leídas-en-sí y en la Tradición. Pero ella misma debe ser comprendida, para lo cual se nos dan las gracias proféticas, en forma de revelaciones como ayuda para comprender qué está pasando hoy, o sea ¡históricamente como los teólogos historicistas exigen! Aquellas se dan porque el católico medio así como las jerarquías a menudo se encuentran superados por las dialécticas endiabladas de los falsos profetas que hay en cada época. Vaya pues en este orden dos aportaciones, la primera una alegoría, un cuento anónimo, bien que recibido espiritualmente, y la segunda una profecía de un alma santa. La alegoría reza así:

Un soldado italiano, en plena primera guerra mundial ha de disparar desde su trinchera a los soldados alemanes que atacan. Una mujer soldado le acomete con su bayoneta y no le mata por poco. Pero se declara el armisticio, o eso parece, y el soldado tiene que buscar su nueva unidad militar en la que integrarse, mandada por un jefe alemán, el cual le conduce hasta su base, una iglesia desacralizada, donde ve en un lateral a soldados alemanes que devoran comida repugnante -hay conejos desollados colgados-. En realidad nunca se había declarado ninguna rendición y todo había sido muy confuso.

La interpretación, sin necesidad de implorar a Wittgenstein, es sencilla e ilustradora: Roma se rinde sin haber sido vencida y cree deber integrarse con el nuevo-viejo cristianismo del Pensamiento alemán (recuérdese aquella otra metáfora título de un libro que evocamos al principio: “El Rin desemboca en el Tíber”, que resumía el impacto negativo de la teología alemana, excepciones aparte). En otro orden, el papel que desempeña la mujer soldado de la bayoneta es doblemente amenazador: como mujer sacerdote y como símbolo de la tentación de la carne.

En cuanto al alma santa, es la Beata Catalina Emmerich, que hace ya 200 años tuvo reiteradas visiones sobre la demolición de la Iglesia:

“Vi gran cantidad de gente ocupada en demoler la Iglesia… Había miembros de sectas que la demolían siguiendo todos un mismo plan… Son todos fariseos… En Alemania vi eclesiásticos y protestantes que formaban un plan para la fusión de las confesiones religiosas… Ellos quieren imponer a uno que entregue todo a los enemigos de la Iglesia ¡Tunantes alemanes!…”.

 

Marc Vincent.

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